martes, 26 de febrero de 2013

[La Huésped] Capítulo II: Los ojos sin destello.


En cuanto mis piernas respondieron y los brazos de Jared me permitieron separarme de él, cogí a Wanda y la saqué de la sala, Ian se propuso a seguirnos, pero le lancé la típica mirada de “Sólo nosotras.” Que seguro que él entendía, se las había mandado muchas veces desde que Wanda tenía otro cuerpo, desde que Ian no quería separarse un segundo de ella. Ni ella de él.
La llevé lejos, todo lo lejos que las Cuevas me permitieron, hasta el otro lado, donde estaban las habitaciones más alejadas. Entramos en una habitación que no estaba ocupada por nadie. Supongo que la ocuparían unas horas después Keith y Leah. En cuanto hubimos llegado solté el brazo de Wanda y cerré la puerta con un portazo.

-         Empezaremos por lo más obvio. ¿De qué conoce Pet a Keith? O como quiera que le hayas llamado.
-         Rising River. Y la historia es muy lar…
-         Me da igual lo larga que sea, tenemos todo el día.

Había momentos en los que realmente me ponía muy brusca con la gente, siempre me lo decían, no era una persona realmente suave con nadie, era una de las mejores cosas que tenía, a mi parecer.

-         Mel, no sé si…
-         ¿Qué? ¿Qué no sabes si vas a contarla?
-         ¡No! Es que…no es mi historia, no me pertenece.
-         Bueno, es que tienes un diario en tu cabeza, como la tenías en la mía.
-         Ya, pero…
-         Wanda, escúchame. –hice que me mirase directamente a los ojos, de donde ya no quedaba ni una fina línea brillante. –Cuéntamela.

Con un suspiro exasperado Wanda se sentó en el catre y se decidió.
-         El cuerpo de Pet era del Norte, eso ya nos lo había contado Wanda, cuando la capturamos estaba en la ciudad solo como viaje, le gustaba viajar, era como olvidar todo lo que pasaba en su ciudad. A Pet le perseguía una gran tristeza, aunque Wanda nunca había sabido especificar por qué.
» Había conocido a Keith en su ciudad natal, antes de la invasión, desde pequeños habían sido los mejores amigos y eso no se lo iba a quitar nadie. Keith era la persona que hacía feliz a la persona que ocupaba el cuerpo de Pet, que se llamaba Sidhe, un nombre realmente profundo del Norte. Sidhe y Keith habían vivido juntos la invasión, se escondieron juntos durante un tiempo, pero no pasó más de un año. En ese año ellos dos sobrevivieron, primero con diez personas más, pero eso iba menguando según el tiempo les pasaba factura, la comida escaseaba donde se escondían, a si que al final quedaban Sidhe, Keith, Leah y Samuel, el hermano pequeño de Sidhe, que solo tenía nueve años en ese momento. Los cuatro tuvieron que huir del refugio para buscar provisiones donde fuese, porque sabían que tenían los días contados si no lo hacían. Sobrevivieron durante dos semanas hasta que Samuel fue capturado, un día que se encontraba con Leah. Leah consiguió escapar y tuvieron que huir de allí sin poder ni llorar su pérdida. Fueron hacia el sur, cruzando páramos, montañas, llanuras y ciudades y todo lo que pudieron sin pasar desapercibidos. Entre los tres se creó una conexión, supongo que solo podían sentir eso las personas que han huido de algo alguna vez en su vida, que intentaban tener una misma misión.

» Pero el día que sucedió el cambio fue el peor. Leah se había quedado en su nuevo refugio, una pequeña casa abandonada a las afueras de un bosque, donde llevaban solo una semana. Sidhe y Keith salieron a buscar agua cuando una buscadora les encontró, estaban haciendo demasiado ruido y estaba claro que llevaba un tiempo siguiéndoles, verificando si realmente eran rebeldes o almas que hacían un viaje, lo único que vio Leah fue el helicóptero, entonces supo que estaba sola.

» Sidhe y Keith fueron asignados a dos almas, una era Pet: Petals Open to the Moon, era solo su segundo planeta, pero Sidhe no consiguió ser lo suficientemente fuerte y acabó desapareciendo. Esa historia ya la conocían, Wanda nunca había encontrado a nadie que no fuese Pet dentro de ella, y Pet había sido llevada de vuelta, Sidhe ya no existía.

» Pasaron meses, Pet se mudó a una ciudad más al sur y no volvió a ver a Keith, hasta que un día apareció en su puerta. Pet le recordaba perfectamente, sabía quién era, pero en sus ojos estaba ese brillo que caracterizaba a las almas introducidas en cuerpos. Keith ya no era Keith. Aquel chico se presentó, se llamaba Rising River, había acudido a ella solo para ver si era como en los recuerdos de su cuerpo. Pet, obviamente, sabía quién era, por un momento Sidhe volvió a su cuerpo, intentando recuperar fuerzas, pero volvió a caer y en ese momento desapareció del todo, Pet nunca la volvió a encontrar y no es que no se alegrase de aquello.

» Pasó semanas con Rising River, contándose anécdotas que ellos mismos habían vivido, al final siendo amigos y la mejor compañía que tenían el uno del otro. Los dos eran del Planeta de las Flores, los dos eran muy buenos compañeros el uno del otro. Estuvieron un año juntos, un año en el que visitaron todo el país, todo lo que pudieron, sintiéndose bien el uno con el otro. Pero Rising River tenía un secreto, algo que no le había contado a Pet hasta el último momento, pero se podría decir que Pet ya lo había adivinado. El anfitrión de Rising River seguía ahí, seguía hablando con él, seguía siendo fuerte. En cuanto Pet lo supo, se separó de él durante un tiempo, volvió a la ciudad y estuvo allí durante cinco semanas, ya no soportaba estar sola, hasta la encontraron Melanie, Jared y Jamie y…pasó.

Me quedé un momento en silencio, era demasiado que asimilar, demasiado que saber, seguro que no se me quedaban todos los detalles, pero solo saqué una cosa en claro.

-         Keith venció al alma de Rising River. –susurré.

Wanda asintió lentamente. La miré a los ojos, eso significaba tantas cosas… ¿Y si había personas con una voluntad tan fuerte que podían vencer a los que habían ocupado su lugar? ¿Qué podía significar eso para la resistencia humana?

-         Eso significa que hay más de una oportunidad. –dije esperanzada, ella notaba la emoción en mi voz.

Ya sabíamos como quitar un alma del cuerpo de un humano, Wanda nos había enseñado como practicar la intervención y los habitantes de Las Cuevas lo habían querido hacer más de una vez, para empezar a reclutar más gente. Pero eso significaba que desaparecerían almas, y si intentábamos coger a otro alma de la ciudad vendrían más  de buscadores a vigilarla, no, teníamos que tener un plan más elaborado, algo que fuese realmente pensado como para que nadie sospechase. Además, había almas humanas que desaparecían para siempre, muy pocas resisitían.

-         Ya, pero Mel, ¿a dónde van las almas que son vencidas por los humanos?
-         No lo sé. –dije con un suspiro –a lo mejor al mismo lugar a donde van las nuestras cuando desaparecemos.

Estuvimos calladas un rato, sopesando toda la información, aunque más bien Wanda lo único que hacía era intentar interpretar lo que eso significaba, ella no había recordado nada de eso hasta que vio a Keith, pero en algún rincón de su mente tenía mucha información sobre las almas que a lo mejor no había logrado sacar porque no sabía que existía. ¿Y si realmente la mente de Pet era de gran ayuda?

Salí de la habitación, no sé cuánto tiempo llevábamos ahí dentro, pero necesitaba pensar en otra cosa, por alguna razón todo aquello me había alterado demasiado, no quería ser la que tuviese que contarle todo a todos. Wanda apareció a mi lado y se puso a caminar conmigo en silencio, no sé a dónde iba, supongo que al comedor, donde debía de quedar gente desayunando. Tenía hambre, comer seguro que aclaraba las ideas.

Llegué al comedor y sin mirar a nadie cogí un plato, con la comida que tuviese, me daba un poco igual. Últimamente tenía el humor cambiado a bandazos, yo tampoco me entendía, pero quizá todo eso Wanda se lo debía de haber contado a otra persona. El tema era que yo había traído a Keith y a Leah y yo era la principal responsable hasta que realmente fuesen aceptados por el grupo.

Me senté en una de las mesas donde estaban Jamie, Ian, Trudy y Jared, Wanda se sentó a mi lado, las dos permanecimos calladas, yo estaba realmente cansada y el peso de casi toda la noche sin dormir me caía como ladrillo. Miré al plato, adormecida.

-         ¿Dónde estabais? –preguntó Jamie.
-         Por ahí. –dijo Wanda, sin dar más detalles. -¿Ha pasado algo?
-         Cuando os habéis ido la chica, Leah, ha tranquilizado a su hermano, luego se ha vuelto a desmayar-respondió Ian-creo que tiene algo de neurótico, si es así puede ser peligroso...
-         Cualquier persona humana tiene un sitio en Las Cuevas –le corté yo, mirándole a los ojos desafiante.

Toda la mesa se quedó en silencio de repente.

-         ¿Estás bien, Mel? –preguntó Jared.
-         Es solo que…estoy cansada.
-         Hoy no tienes que trabajar, si quieres te llevo a la habitación a que descanses.
-         No pasa nada, de verdad. -intenté sonreír un poco, mirando aún al plato.

Me tragué un trozo del desayuno y de repente se me acabó el hambre, no podía comer nada más. Le di lo que me sobraba a Jamie, quien sabía que su hambre nunca se podía saciar y me levanté de la mesa sin decir nada, aun fingiendo una sonrisa en la cara. ¿De verdad se iban a tragar eso? Bueno, al menos sabía que Jared no, porque me miraba preocupado. Me fui del comedor sin decir nada, buscando un lugar tranquilo. Me encontré yendo hacia mi habitación. “Tercer corredor, biombo verde.”, recordé la primera vez que Jeb nos lo mencionó a Wanda y a mí, cuando Jared aun nos odiaba, muchos meses atrás. ¿Cuánto llevábamos en Las Cuevas? ¿Un año, ya?

Entré en la habitación, dejando la puerta entreabierta, y me tiré en una de las camas, cerrando los ojos. Todo el tema de Keith era demasiado que asimilar. Significaba que teníamos en Las Cuevas a otra persona que había sufrido la invasión y había sido capturado. Esos éramos solo él y yo. Necesitaba hablar con él de ese tema.

Además ¿qué pasaría cuando volviese a ver a Wanda? Por ahora estaba en la enfermería, pero no podía quedarse allí por siempre, tenían que salir su hermana y él y todos los recuerdos que había dejado Rising River en su mente se dispararían, además de los recuerdos que tendría sobre Sidhe. Wanda nunca había hablado de enamoramiento en esa historia, pero yo lo había metido entre líneas sin ningún problema, a lo mejor solo habían sido amigos, a lo mejor no era necesario que Sidhe y Keith fuesen algo más.

Pero Wanda si que había hablado de “compañero”, esa palabra para ella era diferente que para nosotros. Para nosotros significaba una persona que luchaba a tu lado, o trabajaba a tu lado, no tenías por qué mantener una relación de amistad con esa persona. Pero para Wanda significaba la persona con la que querías pasar tu vida, el compañero de Wanda era Ian, ellos mismos lo habían dicho. El sinónimo de compañero en la tierra era novio.

La puerta chirrió un momento cuando se movió, Jared estaba ahí, esperando mi permiso para entrar. Me incorporé un poco, esperando a que hiciese algo.

-         ¿Puedo entrar? –preguntó, cauto.
-         Claro. –respondí secamente.

Entró, cerrando la puerta detrás de él con un pequeño clic, se acercó a la cama donde me encontraba y se tumbó conmigo, con la frente contra la mía.

-         ¿Vas a contarme qué es lo que te ha dicho Wanda? –susurró.
-         Pregúntale a ella, yo os he dicho que estoy cansada.
-         No me lo creo.
-         ¿No te crees el qué?
-         Que no te haya dicho nada importante. Te he visto trasnochar muchas veces, no es por eso.
-         Esas veces salvaba mi vida o la de otros.
-         La mía.
-         Por ejemplo. –añadí, cerrando un momento los ojos. –Keith es diferente.

Por un momento noté que se tensaba.

-         ¿A qué te refieres?
-         Preferiría que te contase Wanda, la historia es demasiado larga y muchas de las cosas no las entendí.
-         Vale. Pero si es algo con ese chico que te afecte, tendrá un problema conmigo.
-         La cara de celoso la tienes que mejorar.
-         ¿Yo, celoso? –fingió estar ofendido. –Por favor, si ese chico tuviese una oportunidad realmente notarías mi cara de celoso.
-         ¿Por qué no podría tenerla? –pregunté con un brillo divertido en mis ojos.
-         Porque eres mía, y yo soy tuyo, eso ya lo sabes. –se acercó un poco más para juntar sus labios con los míos, derritiéndome en su intento.

Era como esos momentos, en los que realmente sentiría dolor físico si intentase separarme de él, uno de esos momentos en los que no había más que Jared y yo. Su calor. Su tacto. Su aliento. Me agarró de la espalda y, suavemente, me empujó más contra él, haciendo que me agarrase de su cuello, arrastrándome encima de él.

Sus manos levantaban poco a poco mi camiseta, explorando la piel que había debajo, no es que no lo hubiésemos hecho antes, pero cada vez que me tocaba así, era como la primera vez, sus manos recorrieron mis brazos, mi espalda, mi costado…cada contacto quemaba más que el anterior, y yo me estaba derritiendo por dentro.

Unos murmullos recorrieron el pasillo, haciendo que nos separásemos un momento para escuchar mejor. En cuanto estuve segura de que venían hacia este corredor me bajé de encima de Jared y puse su mano bajo mi cabeza, susurrándole que se hiciese el dormido. Un par de voces entró en la habitación, sin llamar a la puerta.

-         Mel. Meeel. ¡Meeel! –escuché gritar a Jamie, que se lanzaba hacia la cama en la que estábamos fingiendo dormir Jared y yo.
-         ¿Quée? –le pregunté, fingiendo despertarme.
-         Van a presentar oficialmente a Leah y a Keith en la plaza y tenéis que estar.

Jared se levantó un poco de la cama y se desperezó, cuando me levanté yo vi que la persona que acompañaba a Jamie era Leah.

-         Oh. Hola. –dije con una pequeña sonrisa en la cara.
-         Hola. –respondió tímidamente, con una sonrisita asomando en sus labios. Se quedó en la puerta sin moverse mientras Jamie cogía una de mis camisetas.
-         ¿Te importa que me la lleve, Mel? Supongo que tus camisetas no le quedarán muy grandes a Leah.
-         Supongo que no. –dije con un suspiro. -¿Te has mejorado? –le pregunté a Leah.
-         Sí, muchas gracias por encontrarnos. –me respondió, la verdad es que la chica hablaba realmente poco.

Jamie salió por la puerta, sin mirar si Leah le seguía.

-         Bonita actuación. –dijo Leah con una sonrisa cómplice, antes de cerrar la puerta detrás de ella.

Jared y yo nos miramos con una pizca de diversión.

domingo, 24 de febrero de 2013

[La Huésped] Capítulo I: Desde la nada.


La poca luz que permitía filtrar el hueco del techo empezaba a iluminar la habitación. No podíamos tener ventanas, resultaría demasiado obvio nuestro paradero, además de que escavar un gran hueco en el techo para poder tener más luz en la cueva nos llevaría días. Daba igual, aquella oscuridad era cómoda.

Muy cómoda.

Me quité de encima con cuidado el brazo de Jared, que rodeaba mi cintura y me levanté, intentando hacer el menos ruido posible. Jared era de los que se despertaba con facilidad al mínimo ruido, quizá eso era una parte de sus grandes dotes como fugitivo, quizá por eso tuvimos tiempo de escondernos a tiempo en una cueva la semana pasada, antes de que un helicóptero pasase por encima de nuestras cabezas.

Hacía unos días que habíamos vuelto los que habíamos ido de misión: Ian y Wanda –que resultaban repulsivos de lo juntos que estaban ahora-, Aaron, Brandt, Jared y yo. Habíamos tardado dos semanas en coger todo lo que podíamos y meterlo en una furgoneta, además, ahora que teníamos a Wanda no necesitábamos escondernos, simplemente tenerla a ella cerca siempre.

Uno de los días, Brandt salió un momento del furgón en el que estaban durmiendo para tomar el aire, cuando un alma se dio cuenta de que era humano y no pudo hacer más que dar un grito. Tuvimos que meterlo en la furgoneta con nosotros y taparle los ojos, para dejarlo en una ciudad lejos de allí.
Esto nos había causado muchos problemas, ahora muchos buscadores andaban por la zona, buscando cualquier indicio humano que hubiese. Habían ocurrido ya demasiadas desapariciones cerca de la ciudad: yo, la buscadora que iba detrás de mí, la enfermera que habíamos usado para aprender a salvar cuerpos con sus respectivas almas y Pet, donde ahora estaba Wanda. Desde que había desaparecido la cuarta los buscadores ya estaban más centrados en esta ciudad, pero nunca demasiado cerca de las cuevas.

Y mi instinto me decía que no por mucho tiempo.

Como habíamos conocido a otros grupos que resistían a parte del nuestro, nos movíamos más, de vez en cuando para hacer una fiesta entre todos en la guarida del grupo de Nate, que era más grande aún que esto. Algunas veces para cambiarnos cosas y otras simplemente para pasarnos por ahí, la gente iba y venía cuando quería, pero siempre con mucho cuidado. A Wanda le gustaba estar con Burns, porque le comprendía y también era un alma, cuando Burns se pasaba por aquí no hacían más que hablar de anécdotas de otros lugares, lo que resultaba realmente entretenido para nosotros, sobre todo ver a Ian con celos.

Me miré en el espejo que había encima de la cómoda por un momento, me resultaba extraño ver mis ojos azules sin nada destellante alrededor de la pupila, como me había visto en los últimos meses. Tenía una pequeña herida en la mejilla, me la había hecho en la misión y luego me había negado a usar cicatrizante ni nada de eso, me gustaban mis cicatrices, el doctor en el hospital me las había quitado todas y deseaba volver a tener alguna marca de que era humana y no había usado nada…mágico, como me gustaba llamarlo a mí.

Me hice un pequeño moño en el pelo y salí de la habitación, sin hacer ruido, casi todos seguían dormidos, prefería no molestar. Caminé hacia el comedor, donde debían de estar los que estuviesen despiertos. Por los huecos de las cuevas se veía el amanecer, que desde aquel desierto era una de las cosas más bellas…

Un destello llamó mi atención, detrás de una de las dunas del desierto se veían dos figuras, camufladas por las ropas del mismo color que la arena. Una se desplomó en el suelo, parecía realmente moribunda, la otra la intentaba sujetar, caminando hacia delante con paso firme. En un momento este le levantó con sus brazos y la llevó, intentando no caerse con cada paso que daba.

Sin darme cuenta me encontré corriendo hacia ellos, con un palo de metal que había en el pasillo de la cueva. El chico se percató de que había alguien corriendo hacia él y se tiró al suelo como para camuflarse, toda la escena era desconcertante, cuando estuve a diez metros de ellos me paré.

-         Levántate  y pon las manos por encima de tu cabeza, ahora.

Para mi sorpresa, el chico realmente hizo lo que le pedía. Con la cabeza agachada, se levantó a duras penas, tenía la cara llena de arena, de todo el polvo que se le debería de haber quedado por el camino. Me estremecí, recordando los tres horribles días que había pasado con Wanda en el desierto, solas, con el sol ardiente y a punto de morir de sed, solo movidas por el sueño de que Tío Jeb estuviese allí. Y estaba.

Entonces ocurrió, levantó la cabeza y en sus ojos pude ver que no había destello, no había brillo ni nada que se le pareciese. Era humano. Era un humano. Encontré su misma reacción cuando vio que yo tampoco tenía un círculo brillando en los ojos, me estuvo observando durante varios segundos, al igual que hice yo con él. Era pálido, no se le notaba el bronceado de una persona que ha pasado días bajo el sol, tenía el pelo negro, le caía sobre la frente, alto, delgado y poco musculoso, tenía varias cicatrices en la cara y una bien grande en el cuello, calculé que debía de tener unos veintidós años.

-         Eres humana. –dijo, su voz era muy cauta y algo tímida.
A mí, en cambio, me salió realmente arrogante.
-         ¿Sí? No me dig…
-         ¿Cómo nos has visto?
-         Yo… simplemente… aparecisteis en las dunas.
-         ¿No estáis medio muriéndote en este desierto?
-         ¿Quién dice que tengas que hacer todas las preguntas?
-         Bueno, estoy acostumbrado.
-         Pues entonces vas a hartarte –me di cuenta de que tenía un pañuelo en la mano, debería de ser para cubrir una herida, -tápate los ojos con ese pañuelo.
-         ¿Qué?
-         Que te tapes los ojos, si quieres que os salve a ti y a…ella.

Miré a la chica de la que estaba tirada en la arena, estaba boca abajo, parecía que respiraba. Tenía el pelo como él, piel como él y era más pequeña, suponía que debía de ser su hermana. Ni llevaba zapatos.
El chico se cogió el pañuelo que le adornaba, dejando ver una especie de cicatriz horrorosa, teñida de amarillo. Me estremecí un momento, nunca había visto nada tan feo. Antes de que pudiese hacerlo él le cogí el pañuelo y se lo até a los ojos con rapidez, pero no intentó detenerme. Le anudé el último bien fuerte y le dí un golpe en el antebrazo. A lo que se quejó. Bien, no podía ver.

Hice que cogiese a la chica y le guié hacia las cuevas. Caminamos el camino en silencio, durante todo el trayecto no se oían más que nuestras pisadas y algunos gemidos de la niña que llevaba en brazos. Ahora que se le podía ver la cara notaba que tenía la boca de un color rojo poco normal, la nariz pequeña y una cara bastante frágil, se parecía mucho a él, la pregunta de si eran hermanos era obvia, a si que ni les pregunte. Tenían con ellos una mochila, dentro había una botella de agua vacía y un paquete de galletas que iban por la mitad. Pobrecitos, debían de estar medio muriéndose, al menos la chica. Tardamos diez minutos en llegar a la cueva.

Una voz brusca nos interceptó.

-         ¡Eh! Pero qué…


Brandt. Subido a una especie de elevación en la entrada de  la cueva, nos miraba desconcertado. Le miré de la misma manera y el chico que tengo al lado de removió, intentando ver de quien era esa voz. Brandt sacó el rifle, apuntando al chico directamente e intercalándolo con amenazas hacia mí. Ni Brandt ni Aaron se habían acostumbrado a verme como Melanie en vez de cómo Wanda. Y en algunos momentos resultaba exasperador.

-         ¿Hay alguien más? –preguntó el chico.
-         Sí. –respondí secamente.
-         ¿Quiénes son? –exigió saber Brandt, que mantenía el arma en alto.
-         Tranquilízate, Brandt, son humanos.

Este se bajó de la duna con el arma aun en mano y cara alarmada, con un brusco movimiento cogió al chico y lo metió dentro de la cueva, aplastándolo contra la pared sin ningún cuidado por la chica que llevaba en brazos, que estaba empezando a despertarse. Brandt le quitó con un solo movimiento el pañuelo de los ojos, observando fijamente su rostro. El chico, sorprendido por la amenaza de sus movimientos, abrió los ojos unos segundos después, haciendo respirar profundamente a Brandt.

-         ¿Cómo te llamas? –le exigió Brandt.
-         Keith, Keith Southmer
-         ¿Ella?
-         Leah, mi hermana.

Brandt le soltó poco a poco, haciendo que el chico se tranquilizase un poco, me miró directamente y yo me encogí de hombros. Era imposible que no aceptaran a Keith y a su hermana aquí, era un humano, ser humano era el único requisito para que te aceptasen en las cuevas, y desde luego Keith no parecía un tipo débil, serviría de mucho. Sonreí a Brandt y, después, miré a Keith.

-         Bienvenido a Las Cuevas, Keith Southmer.


Media hora después, los habitantes que estaban despiertos a esas horas estaban en el pasillo que daba a la enfermería, esperando a poder ver a los dos nuevos integrantes. Brandt había avisado en el comedor inmediatamente después de que yo me fuese con Keith a que viesen a Leah. Desearía que no lo hubiese hecho. Estar con mucha gente me ponía nerviosa en algunos momentos, y este era uno.

Leah estaba tumbada boca arriba en el catre mientras Doc le tomaba el pulso y le daba medicinas y…esas cosas de médicos que nunca entendería. Keith había estado hablando con Jeb y con Doc, los dos siempre eran muy amables con todo el mundo, pero el comportamiento de Jeb había resultado algo extraño, no paraba de soltarle preguntas, mirándole fijamente a los ojos cuando este las respondía. Quizá es que sospechaba, quizá es que desde que habíamos llegado Wanda y yo estaba más cauto.

-         ¡Mel! –escuché detrás de mí a esa voz inconfundible.  -¿Qué es lo que pasa?

Me giré y me encontré con Jared detrás, con cara alarmada, y a Jamie a su lado, mirando a Leah con interés. Keith estaba a mi lado, mirando a Jared y a Jamie con algo de timidez. Jared se dio cuenta de quién estaba detrás de mí y le observo durante un momento, intentando atar cabos.

-         Jared, estos son Keith y Leah Southmer. Keith, éles Jared… y este es mi hermano, Jamie.

Por una razón realmente me resultaba muy extraño pronunciar la palabra novio, a si que la evitaba siempre que podía. Jared se daba cuenta de ello y me sonreía cada vez que lo hacía, como esta vez. Keith le saludó con un seco gesto de cabeza y Jared con una sonrisa, últimamente no había momento en el que Jared no sonriese. Como un acto reflejo me cogió la mano y noté como que Keith se enderezaba, pero al volverme a mirarlo seguía en la misma postura, debería de habérmelo imaginado.

Entonces sucedió, Ian y Wanda entraron como una tromba en la habitación, con Wanda tirando de Ian para acercarse hacia mí. En cuanto estuvo a un metro se detuvo, mirando a Keith, quien esta vez sí que se tensó, al igual que Wanda, miraba del chico a la chica, que estaba tumbada durmiendo en el catre.  Como un acto reflejo que nadie vio Keith cogió uno de los escalpelos de Doc y lo cogió con destreza para protegerse. Toda la sala se quedó en silencio, Wanda se echó instintivamente dos pasos hacia atrás y yo me separé de Keith, a lo mejor no estaba realmente bien de la cabeza.

-         Rising River –musitó Wanda, para sorpresa de todos.

Toda la sala quedó en silencio, incluso los que estaban en el pasillo habían bloqueado la puerta de la enfermería con miradas indiscretas. Ian se había puesto muy tenso, esperanzo a cualquier momento para echarse encima de Keith si tuviese que placarlo.

-         Ya no soy él. –respondió Keith, con voz seca.
-         No lo entiendo.
-         ¿Qué haces aquí, Pet?
-         No soy Pet.
-         Entonces… qui... ¿quién eres?
-         Pet se fue, yo soy Wanda.
-         ¿Cómo sabes quién soy?
-         Los recuerdos de Pet siguen aquí.

Un silencio sepulcral siguió a la corta conversación, todos mirábamos a Keith y a Wanda, que se miraban el uno al otro. Me di cuenta de que estaba apoyada sobre el pecho de Jared, que subía y bajaba con demasiada frecuencia. Ian se echó un momento hacia delante, pero no pudo superarla.

Antes de que nos diésemos cuenta, Leah, la hermana de Keith, estaba de pie, cogiendo el escalpelo que sujetaba éste en un solo movimiento y dejándolo donde estaba. Para ser pequeña resultaba realmente rápida y ágil, todos estábamos estupefactos, era demasiado que asimilar en un momento.

-         Keith. Ella no es Pet.
-         Lo sé, pero…
-         Keith, ella está con ellos, ¿no lo ves? Él chico de su lado saltaría a protegerla al mínimo intento de movimiento. –señaló a Ian con el dedo.
-         Es un alma.
-         ¿No te acuerdas de las últimas noticias? Almas nativas.

La sala se quedó blanca, ¿había noticias de almas nativas? ¿Estaban empezando a preocuparse de que algunas almas ayudasen humanos? Eso sería un gran problema para nosotros. La chica nos miró a todos con cara nerviosa, parecía que no acostumbraba a hablar por su hermano, tenía cara de una chica mucho más tímida. Se sentó en el catre a mirarse a las manos.

-         Wanda ¿puedo hablar contigo? –susurré.