En cuanto mis
piernas respondieron y los brazos de Jared me permitieron separarme de él, cogí
a Wanda y la saqué de la sala, Ian se propuso a seguirnos, pero le lancé la
típica mirada de “Sólo nosotras.” Que seguro que él entendía, se las había
mandado muchas veces desde que Wanda tenía otro cuerpo, desde que Ian no quería
separarse un segundo de ella. Ni ella de él.
La llevé lejos,
todo lo lejos que las Cuevas me permitieron, hasta el otro lado, donde estaban
las habitaciones más alejadas. Entramos en una habitación que no estaba ocupada
por nadie. Supongo que la ocuparían unas horas después Keith y Leah. En cuanto
hubimos llegado solté el brazo de Wanda y cerré la puerta con un portazo.
-
Empezaremos
por lo más obvio. ¿De qué conoce Pet a Keith? O como quiera que le hayas
llamado.
-
Rising
River. Y la historia es muy lar…
-
Me
da igual lo larga que sea, tenemos todo el día.
Había momentos
en los que realmente me ponía muy brusca con la gente, siempre me lo decían, no
era una persona realmente suave con nadie, era una de las mejores cosas que
tenía, a mi parecer.
-
Mel,
no sé si…
-
¿Qué?
¿Qué no sabes si vas a contarla?
-
¡No!
Es que…no es mi historia, no me pertenece.
-
Bueno,
es que tienes un diario en tu cabeza, como la tenías en la mía.
-
Ya,
pero…
-
Wanda,
escúchame. –hice que me mirase directamente a los ojos, de donde ya no quedaba
ni una fina línea brillante. –Cuéntamela.
Con un suspiro exasperado
Wanda se sentó en el catre y se decidió.
-
El
cuerpo de Pet era del Norte, eso ya nos lo había contado Wanda, cuando la
capturamos estaba en la ciudad solo como viaje, le gustaba viajar, era como
olvidar todo lo que pasaba en su ciudad. A Pet le perseguía una gran tristeza,
aunque Wanda nunca había sabido especificar por qué.
» Había conocido
a Keith en su ciudad natal, antes de la invasión, desde pequeños habían sido
los mejores amigos y eso no se lo iba a quitar nadie. Keith era la persona que
hacía feliz a la persona que ocupaba el cuerpo de Pet, que se llamaba Sidhe, un
nombre realmente profundo del Norte. Sidhe y Keith habían vivido juntos la
invasión, se escondieron juntos durante un tiempo, pero no pasó más de un año.
En ese año ellos dos sobrevivieron, primero con diez personas más, pero eso iba
menguando según el tiempo les pasaba factura, la comida escaseaba donde se
escondían, a si que al final quedaban Sidhe, Keith, Leah y Samuel, el hermano
pequeño de Sidhe, que solo tenía nueve años en ese momento. Los cuatro tuvieron
que huir del refugio para buscar provisiones donde fuese, porque sabían que
tenían los días contados si no lo hacían. Sobrevivieron durante dos semanas
hasta que Samuel fue capturado, un día que se encontraba con Leah. Leah consiguió
escapar y tuvieron que huir de allí sin poder ni llorar su pérdida. Fueron
hacia el sur, cruzando páramos, montañas, llanuras y ciudades y todo lo que
pudieron sin pasar desapercibidos. Entre los tres se creó una conexión, supongo
que solo podían sentir eso las personas que han huido de algo alguna vez en su
vida, que intentaban tener una misma misión.
» Pero el día
que sucedió el cambio fue el peor. Leah se había quedado en su nuevo refugio, una
pequeña casa abandonada a las afueras de un bosque, donde llevaban solo una semana.
Sidhe y Keith salieron a buscar agua cuando una buscadora les encontró, estaban
haciendo demasiado ruido y estaba claro que llevaba un tiempo siguiéndoles,
verificando si realmente eran rebeldes o almas que hacían un viaje, lo único
que vio Leah fue el helicóptero, entonces supo que estaba sola.
» Sidhe y Keith
fueron asignados a dos almas, una era Pet: Petals Open to the Moon, era solo su
segundo planeta, pero Sidhe no consiguió ser lo suficientemente fuerte y acabó
desapareciendo. Esa historia ya la conocían, Wanda nunca había encontrado a
nadie que no fuese Pet dentro de ella, y Pet había sido llevada de vuelta,
Sidhe ya no existía.
» Pasaron meses,
Pet se mudó a una ciudad más al sur y no volvió a ver a Keith, hasta que un día
apareció en su puerta. Pet le recordaba perfectamente, sabía quién era, pero en
sus ojos estaba ese brillo que caracterizaba a las almas introducidas en
cuerpos. Keith ya no era Keith. Aquel chico se presentó, se llamaba Rising
River, había acudido a ella solo para ver si era como en los recuerdos de su
cuerpo. Pet, obviamente, sabía quién era, por un momento Sidhe volvió a su
cuerpo, intentando recuperar fuerzas, pero volvió a caer y en ese momento
desapareció del todo, Pet nunca la volvió a encontrar y no es que no se
alegrase de aquello.
» Pasó semanas
con Rising River, contándose anécdotas que ellos mismos habían vivido, al final
siendo amigos y la mejor compañía que tenían el uno del otro. Los dos eran del
Planeta de las Flores, los dos eran muy buenos compañeros el uno del otro.
Estuvieron un año juntos, un año en el que visitaron todo el país, todo lo que
pudieron, sintiéndose bien el uno con el otro. Pero Rising River tenía un
secreto, algo que no le había contado a Pet hasta el último momento, pero se podría
decir que Pet ya lo había adivinado. El anfitrión de Rising River seguía ahí,
seguía hablando con él, seguía siendo fuerte. En cuanto Pet lo supo, se separó
de él durante un tiempo, volvió a la ciudad y estuvo allí durante cinco semanas,
ya no soportaba estar sola, hasta la encontraron Melanie, Jared y Jamie y…pasó.
Me quedé un
momento en silencio, era demasiado que asimilar, demasiado que saber, seguro
que no se me quedaban todos los detalles, pero solo saqué una cosa en claro.
-
Keith
venció al alma de Rising River. –susurré.
Wanda asintió
lentamente. La miré a los ojos, eso significaba tantas cosas… ¿Y si había personas
con una voluntad tan fuerte que podían vencer a los que habían ocupado su lugar?
¿Qué podía significar eso para la resistencia humana?
-
Eso
significa que hay más de una oportunidad. –dije esperanzada, ella notaba la
emoción en mi voz.
Ya sabíamos como
quitar un alma del cuerpo de un humano, Wanda nos había enseñado como practicar
la intervención y los habitantes de Las Cuevas lo habían querido hacer más de
una vez, para empezar a reclutar más gente. Pero eso significaba que
desaparecerían almas, y si intentábamos coger a otro alma de la ciudad vendrían
más de buscadores a vigilarla, no,
teníamos que tener un plan más elaborado, algo que fuese realmente pensado como
para que nadie sospechase. Además, había almas humanas que desaparecían para
siempre, muy pocas resisitían.
-
Ya,
pero Mel, ¿a dónde van las almas que son vencidas por los humanos?
-
No
lo sé. –dije con un suspiro –a lo mejor al mismo lugar a donde van las nuestras
cuando desaparecemos.
Estuvimos
calladas un rato, sopesando toda la información, aunque más bien Wanda lo único
que hacía era intentar interpretar lo que eso significaba, ella no había
recordado nada de eso hasta que vio a Keith, pero en algún rincón de su mente
tenía mucha información sobre las almas que a lo mejor no había logrado sacar
porque no sabía que existía. ¿Y si realmente la mente de Pet era de gran ayuda?
Salí de la
habitación, no sé cuánto tiempo llevábamos ahí dentro, pero necesitaba pensar
en otra cosa, por alguna razón todo aquello me había alterado demasiado, no
quería ser la que tuviese que contarle todo a todos. Wanda apareció a mi lado y
se puso a caminar conmigo en silencio, no sé a dónde iba, supongo que al
comedor, donde debía de quedar gente desayunando. Tenía hambre, comer seguro que
aclaraba las ideas.
Llegué al
comedor y sin mirar a nadie cogí un plato, con la comida que tuviese, me daba
un poco igual. Últimamente tenía el humor cambiado a bandazos, yo tampoco me
entendía, pero quizá todo eso Wanda se lo debía de haber contado a otra
persona. El tema era que yo había traído a Keith y a Leah y yo era la principal
responsable hasta que realmente fuesen aceptados por el grupo.
Me senté en una
de las mesas donde estaban Jamie, Ian, Trudy y Jared, Wanda se sentó a mi lado,
las dos permanecimos calladas, yo estaba realmente cansada y el peso de casi
toda la noche sin dormir me caía como ladrillo. Miré al plato, adormecida.
-
¿Dónde
estabais? –preguntó Jamie.
-
Por
ahí. –dijo Wanda, sin dar más detalles. -¿Ha pasado algo?
-
Cuando
os habéis ido la chica, Leah, ha tranquilizado a su hermano, luego se ha vuelto
a desmayar-respondió Ian-creo que tiene algo de neurótico, si es así puede ser
peligroso...
-
Cualquier
persona humana tiene un sitio en Las Cuevas –le corté yo, mirándole a los ojos
desafiante.
Toda la mesa se
quedó en silencio de repente.
-
¿Estás
bien, Mel? –preguntó Jared.
-
Es
solo que…estoy cansada.
-
Hoy
no tienes que trabajar, si quieres te llevo a la habitación a que descanses.
-
No
pasa nada, de verdad. -intenté sonreír un poco, mirando aún al plato.
Me tragué un
trozo del desayuno y de repente se me acabó el hambre, no podía comer nada más.
Le di lo que me sobraba a Jamie, quien sabía que su hambre nunca se podía
saciar y me levanté de la mesa sin decir nada, aun fingiendo una sonrisa en la
cara. ¿De verdad se iban a tragar eso? Bueno, al menos sabía que Jared no,
porque me miraba preocupado. Me fui del comedor sin decir nada, buscando un
lugar tranquilo. Me encontré yendo hacia mi habitación. “Tercer corredor,
biombo verde.”, recordé la primera vez que Jeb nos lo mencionó a Wanda y a mí,
cuando Jared aun nos odiaba, muchos meses atrás. ¿Cuánto llevábamos en Las
Cuevas? ¿Un año, ya?
Entré en la
habitación, dejando la puerta entreabierta, y me tiré en una de las camas,
cerrando los ojos. Todo el tema de Keith era demasiado que asimilar.
Significaba que teníamos en Las Cuevas a otra persona que había sufrido la
invasión y había sido capturado. Esos éramos solo él y yo. Necesitaba hablar
con él de ese tema.
Además ¿qué
pasaría cuando volviese a ver a Wanda? Por ahora estaba en la enfermería, pero
no podía quedarse allí por siempre, tenían que salir su hermana y él y todos
los recuerdos que había dejado Rising River en su mente se dispararían, además
de los recuerdos que tendría sobre Sidhe. Wanda nunca había hablado de
enamoramiento en esa historia, pero yo lo había metido entre líneas sin ningún
problema, a lo mejor solo habían sido amigos, a lo mejor no era necesario que
Sidhe y Keith fuesen algo más.
Pero Wanda si
que había hablado de “compañero”, esa palabra para ella era diferente que para
nosotros. Para nosotros significaba una persona que luchaba a tu lado, o
trabajaba a tu lado, no tenías por qué mantener una relación de amistad con esa
persona. Pero para Wanda significaba la persona con la que querías pasar tu
vida, el compañero de Wanda era Ian, ellos mismos lo habían dicho. El sinónimo
de compañero en la tierra era novio.
La puerta
chirrió un momento cuando se movió, Jared estaba ahí, esperando mi permiso para
entrar. Me incorporé un poco, esperando a que hiciese algo.
-
¿Puedo
entrar? –preguntó, cauto.
-
Claro.
–respondí secamente.
Entró, cerrando
la puerta detrás de él con un pequeño clic, se acercó a la cama donde me
encontraba y se tumbó conmigo, con la frente contra la mía.
-
¿Vas
a contarme qué es lo que te ha dicho Wanda? –susurró.
-
Pregúntale
a ella, yo os he dicho que estoy cansada.
-
No
me lo creo.
-
¿No
te crees el qué?
-
Que
no te haya dicho nada importante. Te he visto trasnochar muchas veces, no es
por eso.
-
Esas
veces salvaba mi vida o la de otros.
-
La
mía.
-
Por
ejemplo. –añadí, cerrando un momento los ojos. –Keith es diferente.
Por un momento
noté que se tensaba.
-
¿A
qué te refieres?
-
Preferiría
que te contase Wanda, la historia es demasiado larga y muchas de las cosas no
las entendí.
-
Vale.
Pero si es algo con ese chico que te afecte, tendrá un problema conmigo.
-
La
cara de celoso la tienes que mejorar.
-
¿Yo,
celoso? –fingió estar ofendido. –Por favor, si ese chico tuviese una
oportunidad realmente notarías mi cara de celoso.
-
¿Por
qué no podría tenerla? –pregunté con un brillo divertido en mis ojos.
-
Porque
eres mía, y yo soy tuyo, eso ya lo sabes. –se acercó un poco más para juntar
sus labios con los míos, derritiéndome en su intento.
Era como esos
momentos, en los que realmente sentiría dolor físico si intentase separarme de
él, uno de esos momentos en los que no había más que Jared y yo. Su calor. Su
tacto. Su aliento. Me agarró de la espalda y, suavemente, me empujó más contra
él, haciendo que me agarrase de su cuello, arrastrándome encima de él.
Sus manos
levantaban poco a poco mi camiseta, explorando la piel que había debajo, no es
que no lo hubiésemos hecho antes, pero cada vez que me tocaba así, era como la
primera vez, sus manos recorrieron mis brazos, mi espalda, mi costado…cada
contacto quemaba más que el anterior, y yo me estaba derritiendo por dentro.
Unos murmullos
recorrieron el pasillo, haciendo que nos separásemos un momento para escuchar
mejor. En cuanto estuve segura de que venían hacia este corredor me bajé de
encima de Jared y puse su mano bajo mi cabeza, susurrándole que se hiciese el
dormido. Un par de voces entró en la habitación, sin llamar a la puerta.
-
Mel.
Meeel. ¡Meeel! –escuché gritar a Jamie, que se lanzaba hacia la cama en la que
estábamos fingiendo dormir Jared y yo.
-
¿Quée?
–le pregunté, fingiendo despertarme.
-
Van
a presentar oficialmente a Leah y a Keith en la plaza y tenéis que estar.
Jared se levantó
un poco de la cama y se desperezó, cuando me levanté yo vi que la persona que
acompañaba a Jamie era Leah.
-
Oh.
Hola. –dije con una pequeña sonrisa en la cara.
-
Hola.
–respondió tímidamente, con una sonrisita asomando en sus labios. Se quedó en
la puerta sin moverse mientras Jamie cogía una de mis camisetas.
-
¿Te
importa que me la lleve, Mel? Supongo que tus camisetas no le quedarán muy
grandes a Leah.
-
Supongo
que no. –dije con un suspiro. -¿Te has mejorado? –le pregunté a Leah.
-
Sí,
muchas gracias por encontrarnos. –me respondió, la verdad es que la chica
hablaba realmente poco.
Jamie salió por
la puerta, sin mirar si Leah le seguía.
-
Bonita
actuación. –dijo Leah con una sonrisa cómplice, antes de cerrar la puerta
detrás de ella.
Jared y yo nos
miramos con una pizca de diversión.
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