La poca luz que
permitía filtrar el hueco del techo empezaba a iluminar la habitación. No
podíamos tener ventanas, resultaría demasiado obvio nuestro paradero, además de
que escavar un gran hueco en el techo para poder tener más luz en la cueva nos
llevaría días. Daba igual, aquella oscuridad era cómoda.
Muy cómoda.
Me quité de
encima con cuidado el brazo de Jared, que rodeaba mi cintura y me levanté,
intentando hacer el menos ruido posible. Jared era de los que se despertaba con
facilidad al mínimo ruido, quizá eso era una parte de sus grandes dotes como
fugitivo, quizá por eso tuvimos tiempo de escondernos a tiempo en una cueva la
semana pasada, antes de que un helicóptero pasase por encima de nuestras
cabezas.
Hacía unos días
que habíamos vuelto los que habíamos ido de misión: Ian y Wanda –que resultaban
repulsivos de lo juntos que estaban ahora-, Aaron, Brandt, Jared y yo. Habíamos
tardado dos semanas en coger todo lo que podíamos y meterlo en una furgoneta,
además, ahora que teníamos a Wanda no necesitábamos escondernos, simplemente
tenerla a ella cerca siempre.
Uno de los días,
Brandt salió un momento del furgón en el que estaban durmiendo para tomar el
aire, cuando un alma se dio cuenta de que era humano y no pudo hacer más que
dar un grito. Tuvimos que meterlo en la furgoneta con nosotros y taparle los
ojos, para dejarlo en una ciudad lejos de allí.
Esto nos había
causado muchos problemas, ahora muchos buscadores andaban por la zona, buscando
cualquier indicio humano que hubiese. Habían ocurrido ya demasiadas
desapariciones cerca de la ciudad: yo, la buscadora que iba detrás de mí, la
enfermera que habíamos usado para aprender a salvar cuerpos con sus respectivas
almas y Pet, donde ahora estaba Wanda. Desde que había desaparecido la cuarta
los buscadores ya estaban más centrados en esta ciudad, pero nunca demasiado
cerca de las cuevas.
Y mi instinto me
decía que no por mucho tiempo.
Como habíamos
conocido a otros grupos que resistían a parte del nuestro, nos movíamos más, de
vez en cuando para hacer una fiesta entre todos en la guarida del grupo de
Nate, que era más grande aún que esto. Algunas veces para cambiarnos cosas y
otras simplemente para pasarnos por ahí, la gente iba y venía cuando quería,
pero siempre con mucho cuidado. A Wanda le gustaba estar con Burns, porque le
comprendía y también era un alma, cuando Burns se pasaba por aquí no hacían más
que hablar de anécdotas de otros lugares, lo que resultaba realmente
entretenido para nosotros, sobre todo ver a Ian con celos.
Me miré en el
espejo que había encima de la cómoda por un momento, me resultaba extraño ver
mis ojos azules sin nada destellante alrededor de la pupila, como me había
visto en los últimos meses. Tenía una pequeña herida en la mejilla, me la había
hecho en la misión y luego me había negado a usar cicatrizante ni nada de eso,
me gustaban mis cicatrices, el doctor en el hospital me las había quitado todas
y deseaba volver a tener alguna marca de que era humana y no había usado nada…mágico,
como me gustaba llamarlo a mí.
Me hice un
pequeño moño en el pelo y salí de la habitación, sin hacer ruido, casi todos
seguían dormidos, prefería no molestar. Caminé hacia el comedor, donde debían
de estar los que estuviesen despiertos. Por los huecos de las cuevas se veía el
amanecer, que desde aquel desierto era una de las cosas más bellas…
Un destello
llamó mi atención, detrás de una de las dunas del desierto se veían dos
figuras, camufladas por las ropas del mismo color que la arena. Una se desplomó
en el suelo, parecía realmente moribunda, la otra la intentaba sujetar,
caminando hacia delante con paso firme. En un momento este le levantó con sus
brazos y la llevó, intentando no caerse con cada paso que daba.
Sin darme cuenta
me encontré corriendo hacia ellos, con un palo de metal que había en el pasillo
de la cueva. El chico se percató de que había alguien corriendo hacia él y se
tiró al suelo como para camuflarse, toda la escena era desconcertante, cuando
estuve a diez metros de ellos me paré.
-
Levántate
y pon las manos por encima de tu cabeza,
ahora.
Para mi
sorpresa, el chico realmente hizo lo que le pedía. Con la cabeza agachada, se
levantó a duras penas, tenía la cara llena de arena, de todo el polvo que se le
debería de haber quedado por el camino. Me estremecí, recordando los tres
horribles días que había pasado con Wanda en el desierto, solas, con el sol
ardiente y a punto de morir de sed, solo movidas por el sueño de que Tío Jeb
estuviese allí. Y estaba.
Entonces
ocurrió, levantó la cabeza y en sus ojos pude ver que no había destello, no
había brillo ni nada que se le pareciese. Era humano. Era un humano. Encontré
su misma reacción cuando vio que yo tampoco tenía un círculo brillando en los
ojos, me estuvo observando durante varios segundos, al igual que hice yo con
él. Era pálido, no se le notaba el bronceado de una persona que ha pasado días
bajo el sol, tenía el pelo negro, le caía sobre la frente, alto, delgado y poco
musculoso, tenía varias cicatrices en la cara y una bien grande en el cuello,
calculé que debía de tener unos veintidós años.
-
Eres
humana. –dijo, su voz era muy cauta y algo tímida.
A mí, en cambio,
me salió realmente arrogante.
-
¿Sí?
No me dig…
-
¿Cómo
nos has visto?
-
Yo… simplemente…
aparecisteis en las dunas.
-
¿No
estáis medio muriéndote en este desierto?
-
¿Quién
dice que tengas que hacer todas las preguntas?
-
Bueno,
estoy acostumbrado.
-
Pues
entonces vas a hartarte –me di cuenta de que tenía un pañuelo en la mano,
debería de ser para cubrir una herida, -tápate los ojos con ese pañuelo.
-
¿Qué?
-
Que
te tapes los ojos, si quieres que os salve a ti y a…ella.
Miré a la chica
de la que estaba tirada en la arena, estaba boca abajo, parecía que respiraba.
Tenía el pelo como él, piel como él y era más pequeña, suponía que debía de ser
su hermana. Ni llevaba zapatos.
El chico se
cogió el pañuelo que le adornaba, dejando ver una especie de cicatriz
horrorosa, teñida de amarillo. Me estremecí un momento, nunca había visto nada
tan feo. Antes de que pudiese hacerlo él le cogí el pañuelo y se lo até a los
ojos con rapidez, pero no intentó detenerme. Le anudé el último bien fuerte y
le dí un golpe en el antebrazo. A lo que se quejó. Bien, no podía ver.
Hice que cogiese
a la chica y le guié hacia las cuevas. Caminamos el camino en silencio, durante todo el trayecto no se oían más que nuestras pisadas y algunos gemidos de la niña que llevaba en brazos. Ahora que se le podía ver la cara notaba que tenía la boca de un color rojo poco normal, la nariz pequeña y una cara bastante frágil, se parecía mucho a él, la pregunta de si eran hermanos era obvia, a si que ni les pregunte. Tenían con ellos una mochila, dentro
había una botella de agua vacía y un paquete de galletas que iban por la mitad.
Pobrecitos, debían de estar medio muriéndose, al menos la chica. Tardamos diez
minutos en llegar a la cueva.
Una voz brusca
nos interceptó.
-
¡Eh!
Pero qué…
Brandt. Subido a una especie de elevación en la entrada de la cueva, nos miraba desconcertado. Le miré de la misma manera y el chico que tengo al lado de removió, intentando ver de quien era esa voz. Brandt sacó el rifle, apuntando al chico directamente e intercalándolo con amenazas hacia mí. Ni Brandt ni Aaron se habían acostumbrado a verme como Melanie en vez de cómo Wanda. Y en algunos momentos resultaba exasperador.
- ¿Hay alguien más? –preguntó el chico.
- Sí. –respondí secamente.
- ¿Quiénes son? –exigió saber Brandt, que mantenía el arma en alto.
- Tranquilízate, Brandt, son humanos.
Este se bajó de la duna con el arma aun en mano y cara alarmada, con un brusco movimiento cogió al chico y lo metió dentro de la cueva, aplastándolo contra la pared sin ningún cuidado por la chica que llevaba en brazos, que estaba empezando a despertarse. Brandt le quitó con un solo movimiento el pañuelo de los ojos, observando fijamente su rostro. El chico, sorprendido por la amenaza de sus movimientos, abrió los ojos unos segundos después, haciendo respirar profundamente a Brandt.
- ¿Cómo te llamas? –le exigió Brandt.
- Keith, Keith Southmer
- ¿Ella?
- Leah, mi hermana.
Brandt le soltó poco a poco, haciendo que el chico se tranquilizase un poco, me miró directamente y yo me encogí de hombros. Era imposible que no aceptaran a Keith y a su hermana aquí, era un humano, ser humano era el único requisito para que te aceptasen en las cuevas, y desde luego Keith no parecía un tipo débil, serviría de mucho. Sonreí a Brandt y, después, miré a Keith.
- Bienvenido a Las Cuevas, Keith Southmer.
Media hora después, los habitantes que estaban despiertos a esas horas estaban en el pasillo que daba a la enfermería, esperando a poder ver a los dos nuevos integrantes. Brandt había avisado en el comedor inmediatamente después de que yo me fuese con Keith a que viesen a Leah. Desearía que no lo hubiese hecho. Estar con mucha gente me ponía nerviosa en algunos momentos, y este era uno.
Leah estaba tumbada boca arriba en el catre mientras Doc le tomaba el pulso y le daba medicinas y…esas cosas de médicos que nunca entendería. Keith había estado hablando con Jeb y con Doc, los dos siempre eran muy amables con todo el mundo, pero el comportamiento de Jeb había resultado algo extraño, no paraba de soltarle preguntas, mirándole fijamente a los ojos cuando este las respondía. Quizá es que sospechaba, quizá es que desde que habíamos llegado Wanda y yo estaba más cauto.
- ¡Mel! –escuché detrás de mí a esa voz inconfundible. -¿Qué es lo que pasa?
Me giré y me encontré con Jared detrás, con cara alarmada, y a Jamie a su lado, mirando a Leah con interés. Keith estaba a mi lado, mirando a Jared y a Jamie con algo de timidez. Jared se dio cuenta de quién estaba detrás de mí y le observo durante un momento, intentando atar cabos.
- Jared, estos son Keith y Leah Southmer. Keith, éles Jared… y este es mi hermano, Jamie.
Por una razón realmente me resultaba muy extraño pronunciar la palabra novio, a si que la evitaba siempre que podía. Jared se daba cuenta de ello y me sonreía cada vez que lo hacía, como esta vez. Keith le saludó con un seco gesto de cabeza y Jared con una sonrisa, últimamente no había momento en el que Jared no sonriese. Como un acto reflejo me cogió la mano y noté como que Keith se enderezaba, pero al volverme a mirarlo seguía en la misma postura, debería de habérmelo imaginado.
Entonces sucedió, Ian y Wanda entraron como una tromba en la habitación, con Wanda tirando de Ian para acercarse hacia mí. En cuanto estuvo a un metro se detuvo, mirando a Keith, quien esta vez sí que se tensó, al igual que Wanda, miraba del chico a la chica, que estaba tumbada durmiendo en el catre. Como un acto reflejo que nadie vio Keith cogió uno de los escalpelos de Doc y lo cogió con destreza para protegerse. Toda la sala se quedó en silencio, Wanda se echó instintivamente dos pasos hacia atrás y yo me separé de Keith, a lo mejor no estaba realmente bien de la cabeza.
- Rising River –musitó Wanda, para sorpresa de todos.
Toda la sala quedó en silencio, incluso los que estaban en el pasillo habían bloqueado la puerta de la enfermería con miradas indiscretas. Ian se había puesto muy tenso, esperanzo a cualquier momento para echarse encima de Keith si tuviese que placarlo.
- Ya no soy él. –respondió Keith, con voz seca.
- No lo entiendo.
- ¿Qué haces aquí, Pet?
- No soy Pet.
- Entonces… qui... ¿quién eres?
- Pet se fue, yo soy Wanda.
- ¿Cómo sabes quién soy?
- Los recuerdos de Pet siguen aquí.
Un silencio sepulcral siguió a la corta conversación, todos mirábamos a Keith y a Wanda, que se miraban el uno al otro. Me di cuenta de que estaba apoyada sobre el pecho de Jared, que subía y bajaba con demasiada frecuencia. Ian se echó un momento hacia delante, pero no pudo superarla.
Antes de que nos diésemos cuenta, Leah, la hermana de Keith, estaba de pie, cogiendo el escalpelo que sujetaba éste en un solo movimiento y dejándolo donde estaba. Para ser pequeña resultaba realmente rápida y ágil, todos estábamos estupefactos, era demasiado que asimilar en un momento.
- Keith. Ella no es Pet.
- Lo sé, pero…
- Keith, ella está con ellos, ¿no lo ves? Él chico de su lado saltaría a protegerla al mínimo intento de movimiento. –señaló a Ian con el dedo.
- Es un alma.
- ¿No te acuerdas de las últimas noticias? Almas nativas.
La sala se quedó blanca, ¿había noticias de almas nativas? ¿Estaban empezando a preocuparse de que algunas almas ayudasen humanos? Eso sería un gran problema para nosotros. La chica nos miró a todos con cara nerviosa, parecía que no acostumbraba a hablar por su hermano, tenía cara de una chica mucho más tímida. Se sentó en el catre a mirarse a las manos.
- Wanda ¿puedo hablar contigo? –susurré.
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